8 de abril de 2013

Amo el faro de José Ignacio, en Uruguay




Amo los faros.
Amo esa figura imponente que se recorta a orillas del mar. El hecho de ser lejanos y cercanos al mismo tiempo. Mi imaginación vuela y los convierte en personajes acariciados por leyendas marinas. Son fuertes, previsibles, constantes.
Es entonces que amo el faro de José Ignacio, ese pequeño pueblo de pescadores que tanto me gusta.


José Ignacio es muy bello. Está situado cerca de Punta del Este, el balneario del Uruguay donde estoy actualmente,  pasando unas cortas vacaciones de Pascuas. Dar un paseo por José Ignacio es uno de mis programas favoritos por estas playas. También lo es visitar Piriápolis.
Amo los faros en el límite de las costas marinas. Ellos parecen elevarse orgullosos de su destino de guardianes de la vida del pueblo. Se los ve observar con serenidad tanto el cielo azul, como el que se vuelve gris cuando amenazan las tormentas.
Los faros parecen descubrir los misterios lejanos de la línea del horizonte.
Los faros esperan así, con paciencia casi eterna, la llegada de los barcos.


Ubicado sobre los promontorios de rocas de la punta, el faro de José Ignacio se baña en las olas impetuosas. No sé por qué, pero me recuerda vagamente al faro que visité cuando me alojé en un hotel en Málaga
Me encanta subir los escalones antiguos y rústicos del interior estrecho. Las paredes son frías al tacto y es preciso sostenerse de una cuerda que hace las veces de pasamanos. El premio se logra al llegar arriba y pasar al exterior por una puerta pequeña y baja.
La vista de la bahía y del mar es vertiginosa pero imponente. Al dar la vuelta con paso lento, el viento golpea con mucha fuerza. Del otro lado de aprecia el pequeño pueblo colorido de José Ignacio.
Traté de quedarme un buen tiempo en lo alto, soportando el viento y tratando de sostener mi cámara. Sin embargo, el panorama, vale bien la pena.







Después hay que bajar lentamente la escalerilla, como un marino avezado, y, de nuevo, cada uno de los escalones de la escalera en caracol. Lo hice uno a uno, con cuidado, y me detuve a mirar por los ventanucos. Llegué por fin al último: fuero 113 escalones!
Una vez sobre la tierra "bien amada", feliz, eché una última mirada hacia atrás.
Que hermosa la silueta amable de ese guardián silencioso!




En fin, amo los faros.


Mis coordenadas:
José Ignacio
Uruguay

Copyright©2013 “Viajes, lugares de la Argentina y del mundo” by Elisa Nievas

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