5 de mayo de 2019

Milán desde la terraza del Duomo



Hacía tiempo que deseaba vivir la experiencia de caminar por la terraza del Duomo de Milán
Para lograrlo tenía, primero, que estar en Milano, la cuna del arte y del diseño italiano. 
Y luego, contar con una mañana soleada de primavera. 
El tema era que, ni bien llegué a la ciudad, el pronóstico no me acompañaba para nada. Clima fresco y lloviznas para la tarde noche, y rayos y centellas para la mañana siguiente. 
Bueno, me dije, habrá que arrojar una moneda al aire y esperar que caiga para decidir si el día siguiente empezaría tratando de trepar a la joya de la corona milanesa: Il Duomo.


El día señalado no se presentaba propicio para mi aventura. Me sumergí en las profundidades del metro dirigiéndome a la estación, esa que recordaba tener una salida impactante. 
Una noche de otro viaje, de otro año, de otro tiempo, subí por la escalera de la estación Duomo y la imagen de la catedral gótica iluminada me impactó de frente. Qué postal inolvidable. 
Estaba yo sumida en esa ensoñación cuando me trasladé al presente para subir esos mismos escalones y encontrarme con la monumental iglesia bañada por el sol. Sí, efectivamente, los planetas se habían alineado. Iba a dar mi paseo por la terraza catedral de Milán.


Aconsejo hacer lo que hice. Pagar un poco más y evitar el tiempo de espera comprando los tickets "track pass". Con el billete se accede a la azotea con el ascensor. Se llega así a un espacio amplio y cómodo en dos niveles, y que permite disfrutar de una vista panorámica maravillosa de 360 grados sobre la ciudad. 
Los alrededores son bellísimos. Allí están la Piazza del Duomo llena de gente que, a esa altura, se ve pequeñita como hormigas, la impactante Galería Vittorio Emanuele II, la elegante tienda La Rinascente con su roof-top terrace con vista al Duomo y el Museo del Novecento, por nombrar los edificios más cercanos. También es posible divisar los tejados, los campaniles y los rascacielos más alejados.


Cada ángulo parecía una postal. 
Paseando por el camino entre los tejados descubrí detalles de la delicada arquitectura gótica. Las gárgolas parecían estar al alcance de la mano. Las estatuas que adornan las columnas y los pináculos parecen todavía más hermosas. Me sorprendió descubrir que son muy numerosas. 
Nos sentamos en el centro del nivel más alto para recuperar el aire de la última escalera - inevitable - y descansar al sol. Sí, el sol brillaba todo el tiempo. El clima había cambiado a esa hora afortunadamente.


Luego de deleitarnos sin prisa alguna con el espectáculo, empezamos a bajar para entrar en la catedral, visita también incluida en el ticket. Resultó ser la más exquisita que haya conocido. Realmente superó mis expectativas. 
Es inmensa e imponente, con sus capillas, sus cuatro naves laterales, la majestuosa nave central y los pilares sobre los que se asientan, que tienen un grosor que llama la atención. Los vitrales son extraordinarios. Cada pieza es como un cuadro. La Catedral de Milán es en verdad una joya de la arquitectura gótica.


Entonces señoras y señores: sueño viajero cumplido. Había caminado por los tejados del Duomo de Milán bajo el sol de la primavera italiana. 
Les cuento que, al salir de la catedral, me encontré con llovizna y la gente bajo sus paraguas. 


Al fin y al cabo, a veces los viajeros podemos tirar una moneda al aire y acertar.

Viaje 2019

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