30 de enero de 2009

Adonde fueres .... haz lo que vieres....



“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo” Oscar Wilde


En esta tarde de verano, como siempre, pienso en los viajes. 
¿Qué otra cosa más enriquecedora puede haber que viajar? ¿Acaso uno no se vuelve diferente después de cada viaje, por más corto que sea? 
Quizás sea una excelente manera de crecer y madurar… 
Viajar es sin dudas una de las mejores experiencias de la vida.


Recuerdo que mi madre nunca había salido del país. En su época, recorrer el mundo no era frecuente. Estaba reservado a sectores más acomodados. Sin embargo, junto con mi padre, pasaron por muchos hermosos lugares de Argentina. Habían viajado de norte a sur. En el todopoderoso auto Unión, al que mi padre amaba, se habían atrevido a “escalar” montañas cordobesas y mendocinas. Los escarpados caminos de cornisa no emocionaban precisamente a mamá, sobretodo esos “de mano única” en los que había que decidir: o se subía, o se bajaba.
Yo escuchaba las anécdotas de sus trayectos e imaginaba los valles, los precipicios, el cielo más claro del planeta, el aire puro.
Mamá tenía la particular costumbre de hablar hilvanando dichos populares. 
Recuerdo que repetía que “adonde fueres… haz lo que vieres…”.
Por caso, papá también abrevaba en su filosofía. En las rutas solía detenerse a comer donde lo hacían los camioneros. Decía que eran los mejores lugares: si estaba lleno de camiones, ahí se comía de lo mejor.


Tiempo después, cuando por fin me llegó el tiempo de viajar, comprendí mejor el significado del consejo de mamá.
Me acostumbré a observar a los lugareños. Seguir sus pasos era la llave para una estancia más agradable. Me ubico pronto en la realidad cotidiana. Presto atención a la manera de vestir de la gente, que es, obvio, la más cómoda. Sus modos me enseñan a cuidarme, a respetar las costumbres y a solicitar ayuda o consejo. Me dirijo a la gente con cortesía en el idioma local, si tengo la suerte de hablarlo. Lo máximo a lo que aspiro: mezclarme entre la gente como uno más de ellos.




Lo mío nunca fueron los tours del tipo "todo-armado-desde-Rosario"
Nunca quise oír hablar de "las-20-ciudades-en-20-días".
Me encanta caminar y usar el transporte público, y si es subterráneo, tanto mejor. 
Elijo preguntar a la gente, imitar. Desplegando los mapas junto con mi marido, experto en esos menesteres, descubrimos circuitos no turísticos mucho más interesantes. Y así llegamos a conocer verdaderamente los sitios donde vive su vida cotidiana la gente de cada lugar.
Hasta logré encontrar en Venecia …. veredas arboladas.



Y me encanta sentirme turista en mi propia ciudad
Ver mi lugar con ojos nuevos. 
Descubrir, apreciar, admirar... valorar al fin y al cabo.

Es por eso que les deseo a todos los que visitan mi blog, que tengan un buen viaje....