26 de enero de 2009

Dos días inolvidables en Madrid

En la Plaza del Sol

Estuve en Madrid un mes de mayo, pero por muy poco tiempo.

Es una ciudad maravillosa y me quedé con muchas ganas de volver.

Aquí les cuento los lugares por los que anduve por sólo dos días inolvidables.

Visité en parte la Madrid Antigua, la de los Borbones y el Centro. El barrio Moderno y Salamanca quedaron pendientes, como así también esas escapadas a las cercanías.
Me alojé frente al Paseo del Prado.
Caminé unas cuadras y llegué al inclinado Paseo de las Huertas yendo hacia el centro histórico madrileño.
Conocí la Plaza Santa Ana, rodeada de típicos bares de tapas, hermosa tanto de día como de noche.
Caminé por la Calle Mayor y llegué a la Plaza Mayor, tan imponente en su conjunto, sus arcos, las coloridas fachadas y las rejas de los balcones, tan vital y tan pero tan madrileña.
Dí un paseo por la Cava Baja, colmada de atractivos locales de comidas y bebidas, que invitaban a detenerse un rato para ver pasar las gentes.
Pasé por la Plaza del Humilladero y llegué a la Plaza de la Paja, con sus escalones anchos y separados, y los desniveles.
Aparecí ante la Puerta del Sol. Emocionada la conocí colmada de gente, tránsito, bullicio. A lo lejos, el antiguo cartel luminoso de Tío Pepe me confirmaba que estaba en el centro mismo de Madrid.
Caminé por la calle Preciados, que arranca nomás con El Corte Inglés, y sigue con locales de muchas de las más prestigiosas marcas europeas de indumentaria.
Me sorprendió la hermosa y elegante Gran Vía. Me recordó mucho a Buenos Aires, llena de gente paseando y esos agentes de tránsito que tocan permanentemente su silbato contribuyendo considerablemente a aumentar el bullicio.
Por fin llegué a la Calle de Alcalá, a la hermosísima Plaza de Cibeles, con su fuente y rotonda, el imponente edificio del Palacio de Comunicaciones y la magnífica Puerta de Alcalá.
Visité el Palacio Real de los Borbones, caminé por la Plaza de Oriente y entré a la bellísima Catedral de la Almudena.
Anduve caminando bajo la llovizna por la Plaza de España pero pude ver las adorables las estatuas del Quijote, Sancho Panza, y de don Miguel de Cervantes Saavedra.
Entré en una breve visita al inmenso Museo de la Reina Sofía y me paré conmovida frente al fabuloso Guernica que abarcaba una de las salas destinadas a Picasso. También pude admirar algunas obras de Salvador Dalí.
Volví por la calle de Atocha y en la estación de trenes conocí sus increíbles jardines de invierno.
Ya al final, caminando por el Paseo del Prado, descubrí el impactante muro vegetal de 24 m de altura de la Caixa Forum, el moderno centro social y cultural. El increíble muro es un trabajo del botánico francés Patrick Blanc, no tiene tierra pero sí 15 plantas de 250 especies diferentes cuya mezcla de colores es en sí mismo una obra de arte.
Espero impaciente volver pronto a Madrid.