28 de febrero de 2009

Pasión por los museos: en Miami Beach, The Wolfsonian Museum

Wolfsonian Museum, Miami Beach, Florida, US, Elisa N, Blog de Viajes, Lifestyle, Travel

En mi visita a Miami, llevé la recomendación de visitar el Wolfsonian Museum para experimentar algo realmente diferente en el corazón de South Beach.
Ubicado en el 1001 de la Washington Avenue, el museo tiene la más fascinante y rara colección de objetos del área moderna y del “art déco”.


La idea de la muestra es la de presentar a los visitantes cómo el arte y los diseños moldean y reflejan la experiencia humana.


En tres pisos (3°, 5° y 6°) se exponen los miles de artefactos hoy nos acompañan en nuestra vida cotidiana, y que fueron apareciendo desde los años ´30. Son la pauta del más fino arte, gráfica, y diseño.
Se propone el viaje por una colección ecléctica e impredecible con electrodomésticos y muebles, pasando por libros originales y postales, afiches y brochures de viajes, posters, hasta cuadros, pinturas y cerámicas. Recuerdo que en una de las paredes se desplegaba un mapa del mundo, en el cual se marcaban los caminos que hacía el comercio (el trayecto de las mercaderías o “goods”) bajo el dominio indiscutido del Reino Unido.
The Wolfsonian cuenta con una importante biblioteca con la más extensa colección de libros sobre los más variados temas sociales, políticos, artísticos y tecnológicos de la era industrial. En el horario de después de las 18 hs. no estaba abierta al público, sólo podíamos observarla desde afuera.
Dentro del edificio, de puro estilo Victoriano, uno se siente como en el castillo del Conde Drácula y probablemente esto espante a algunos visitantes. No éramos muchos a pesar de ser viernes “free” o libre desde las 18hs. hasta las 21hs.
Guardias antipáticos no permitían tomar fotos, aunque yo pude tener algunas antes de enterarme de la cuestión.
Todo alrededor ayudaba a crear una atmósfera algo amenazante hasta entrar a las salas del Wolfsonian. En seguida nos atrajeron los objetos y los textos que explicaban fecha, autor y sentido de los mismos dentro de la muestra. Con mi marido tratábamos de explicarles a nuestras hijas la presencia ante piezas únicas. Era una exhibición muy bien pensada que narraba de manera lógica el sentido de los objetos allí presentados.

Wolfsonian Museum, Miami Beach, Florida, US, Elisa N, Blog de Viajes, Lifestyle, Travel

Me gustó particularmente la muestra sobre el nacimiento de las primeras ferias internacionales en el Reino Unido en el año 1938, lo que llevó a crear las de California, New York y París.
Y con qué objetos nos encontramos? En la muestra de propaganda vimos desde posters de la era nazi, hasta propaganda soviética, rusa y anticomunista también. Recuerdo una gráfica con del mapa de Italia que “pateaba” como una “bota” a los comunistas. Y otro póster explicando las diferencias entre un avión de U.S.A. y otro del U.K., y otros muchos llamando bajo slogans a las mujeres a servir al país como enfermeras y, a los hombres, a unirse al ejército.

En “American Streamlined Designed, the world of tomorrow” conocimos los primeros aparatos electrónicos en sus diseños asombrosos, casi prototipos, tales como: radios, teléfonos, planchas hasta de viaje, máquinas de escribir y de calcular, un termo original y enfriadores, heladeras, cámaras fotográficas, los muy actuales envases “tuppers” pero en vidrio, ventiladores, tostadoras, aspiradoras, teteras de todo tipo, radios-reloj, patines originales, una cocina enorme del modelo “económica” y con todos sus elementos acompañada de las ilustraciones de la típica ama de casa americana, reina en su hogar.
Se presentaban productos de la marca Westinghouse, lavarropas, bicicletas y monopatines, en resumen… de todo.

En un aparte se exhibían gabinetes, candelabros y lámparas de pie, arañas y veladores, una colección de sillas que mostraba la evolución de los muebles hasta llegar a estilo déco, una biblioteca con forma de skyscraper, sillones y cuadros.
La impactante sala final “The world of tomorrow today” nos llevaba hasta el día de hoy, exhibiendo zapatillas y cascos para los chicos de hoy en día, que vuelan en sus patinetas.
Finalmente, en el ingreso se ubicaba el “Dynamo”, un café interactivo donde era posible comer por U$S 10.- El lema: “I think, therefore I eat” o “Wolf Down, some culture with your lunch”. 


Contrariamente a la atmósfera festiva del exterior de la calle, este maravilloso museo invitaba a la reflexión.
Altamente recomendable.

Para obtener más información, sugiero visitar el sitio del museo.


Mis coordenadas:

Wolfsonian Museum
1001 Washington Avenue
Miami Beach, FL 33139
En la esquina de 10th Street y Washington Avenue

23 de febrero de 2009

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No es el tango. Tampoco el relato de un exilio.

Lo mío es escribir sobre viajes. Por eso mi pasión por la fotografía y por narrar en mis blogs.

Hoy les cuento lo que me sucede cuando regreso... precisamente de un viaje. Elijo uno, cualquiera.

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Es el mes de febrero. Vuelvo a Argentina desde Miami... El vuelo sale a las 19 horas. Como de costumbre, hay que presentarse tres horas antes en el aeropuerto. Regla de oro. Y se cumple. Después de todos los trámites, sólo quedan escasos minutos para relajarse antes de volar a destino.

Varias valijas bien cargadas de objetos y de recuerdos, listas para ser despachadas en la bodega.

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Ese último día antes de partir, teníamos la mayor parte del equipaje preparado, las cosas listas para guardarlas. Pero lo de último momento, lleva tanto tiempo… Amaneció bastante nublado, el primer día así en toda nuestra estadía. No invitaba a tomar sol al lado de la pileta antes de cambiarnos. Terminamos entonces de arreglar las valijas y los bolsos.

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Nunca me agradó esta parte de un viaje. Me cansa física y mentalmente. Es un verdadero desgaste, una maraña de pequeñas decisiones. Fanática del orden, no coincido con los criterios de los demás miembros de mi familia para colocar cada cosa en su lugar. Detesto que las valijas estallen. Menos forzarlas a que entre todo en ellas. Volver...

Lo peor es que siempre falta guardar ese "algo de último momento”. Un jean, el shampoo, los simpáticos peluches, los costosos perfumes, y que, sin dudas, terminarán ocupando el precioso lugar de una valija… más un bolso de mano.

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Además, mientras se deposita cada pequeña cosa, aparece la evocación del sitio por donde se anduvo, el del lugar donde se lo compró y qué se hizo después. Acostumbro llevar folletería de todo tipo: de galerías de arte, de restaurantes, de exposiciones y de ofertas. Peso y lugar adicionales, está claro.

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Otra de mis preocupaciones constantes es la de definir quien lleva cada valija, de modo tal de repartir la carga. Mochilas y bolsos, lo que acarreamos desde el apartamento hasta el taxi, desde la parada hasta el mostrador de la aerolínea, todo, absolutamente todo, cuenta, pesa, cansa...

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Y la cuestión del peso de cada bulto. Siempre me asalta la duda. ¿Será posible subirlo a bordo, en la cabina? ¿Y las camperas, van en los bolsos o viajan con nosotros? Cuando suben demasiado el aire acondicionado, se trata de dormir como se puede, y está tan fresco en esa caja incómoda...

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No me olvido de los asientos penosos, del servicio a bordo, de las turbulencias, de las azafatas apenas cordiales, de las fobias a los vuelos para después tener que resolver las consecuencias del jet-lag.

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Al fin, de eso se trata. De volver al hogar, a la rutina. De intentar recrear, a veces, la mayoría de la veces sin éxito, el espíritu de las vacaciones, ese paréntesis único entre los momentos de la vida cotidiana.

Volver...

Cómo me cuesta volver. Reconozco casi que no quiero volver. No acepto dejar de vivir la experiencia de viajar. ¿Hay experiencia más completa? Conocer, mirar, aprender, transitar, sorprenderse. Escuchar hablar otros idiomas, o el mismo, pero con otro acento, impregnado de otras maneras de decir. No: no acepto dejar de recorrer nuevos lugares, de compartir hermosos momentos con seres queridos. Siempre queda algo pendiente. Hay tanto por conocer...

Quiero seguir dejándome llevar por las costumbres de cada sitio hasta que se me incorporan por un tiempo, y a veces, para siempre. Entonces, traerlas conmigo. No tienen sobrepeso.

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No. Definitivamente, amo viajar, no me agrada volver…

Sólo si tengo la certeza de que voy a volver…. a partir.

2 de febrero de 2009

El calor de Rosario "nos tiene a mal traer ..."

Esta humedad insoportable de Rosario…
Es la querida ciudad donde nací, y de donde, juro, no me iría por nada. La otrora pequeña urbe que vivió durante años de espaldas al río.
No la cambiaría por ninguna otra. Ni siquiera por la luminosa Buenos Aires, donde había nacido mi madre. ¿Por qué querría vivir yo en otro lado que no fuera la segunda ciudad de la república?
Papá, hombre de principios del siglo XX, recordaba que Rosario era la “Chicago Argentina”. ¿Era eso un elogio o una carga pesada?
No importa ya. Ni aún cuando mis padres se fueron para siempre consideré por un minuto partir.
Divina Rosario. Pero con este clima “que nos tiene a mal traer…”, como decía mamá.
Veranos cada vez más largos. E insoportables. Veranos que te hacen preguntarte si alguna vez existió el invierno. Veranos saturados.
Y esta humedad que te aplasta, como si fuera una presencia física.
Dicen que Santa Fe capital es peor...
Sin embargo por acá tenemos días en los que cuesta tomar una bocanada de aire.
Los rosarinos salimos temprano a hacer nuestros quehaceres. Uno trata de acumular los trámites, las actividades, todo antes de que llegue el tan temido mediodía. Temido como un castigo, de sol que parte la tierra. Caminamos despacio, manejamos prudentes, para no cansarnos, para no alterarnos antes de la hora pico. Todo para huir del mediodía. Dejarlo atrás para zambullirnos en ambientes acondicionados artificialmente. Tanto que también enferman un poco.
El gobierno central de una señora rige el clima y los biorritmos corriéndonos el huso horario. Hay mañanas en las que estamos, además, con falta de horas de sueño. La costumbre de la siesta se convierte en un alivio para algunos.
Pero este verano rosarino vino una novedad: la sequía.
Esta seca “nos tiene a mal traer…” No llueve nunca y crea un paisaje extraño. El río baja y los elegantes veleros encallan en La Florida. Sorprende la perspectiva de las islas de enfrente. Algún que otro surubí asoma sediento. El Monumento a la Bandera parece un espejismo. Los árboles más viejos del Parque de la Independencia tienen paisaje de otoño.
Desesperan los campesinos. Hasta el señor obispo llegó a pedir que rezáramos por unas gotas de agua.
Es que todo cambia. Menos el calor que aprieta a Rosario. Hasta ocurren milagros: los leprosos tienen el pecho tibio.
Pero … a no confundir. Esta ciudad no es Santiago del Estero.
Y no la cambio por nada.

1 de febrero de 2009

Descubriendo el David, Galería de la Academia, Florencia

David, Michelangelo, Galleria dell´Accademia, Firenze, Florencia, Elisa N, Blog de Viajes, Lifestyle, Travel

Quiero compartir la visita que hice a la célebre Galería de la Academia en Florencia, un hermoso día domingo de abril. 
Teníamos reservadas las entradas desde Argentina por lo que pudimos obviar la fila que se formaba fuera. 
Al entrar a la primera sala pude obtener hermosas fotos de obras muy destacadas del Renacimiento. 
Terminado este primer recorrido, todos nos dirigíamos a ver la obra cumbre de Miguel Ángel, el principal atractivo de la Galería, el Davide
La gran escultura es no solo bella, sino imponente. 
Los detalles del cuerpo no parecen esculpidos en un material tan duro. Se observa la tensión de los músculos, las manos, el rostro. Una maravilla.
En una reseña se leía que El David es una estatua de mármol que el genial Michelangelo Buonarotti creó entre los años 1502 el 1504. 
El pastor David está representado en una posición de meditación después de su victoria sobre el gigante Goliath.
Apenas se puede ver el arma que David utilizara contra Goliath.
En el año 1873 la estatua original fue trasladada a la Galleria dell´Accademia.
Una visita sumamente recomendable.