5 de marzo de 2009

Historia de un samovar

Historia de un samovar, Rosario, Argentina,  Elisa N, Blog de Viajes, Lifestyle, Travel
Hasta el día en que lo vi no sabía de su existencia.
Fue cuando lo heredé.
Enseguida me enamoré.
Lo coloqué en un aparador, para que pudiera ser admirado.
Me lo entregaron con mucho afecto.
Intuyo que era algo muy valioso para esa persona tan especial que me lo entregó.
Es muy bello.
Curioso su tamaño que remata en la teterita, allá arriba.
Y su chimenea y su hornito.
Brillante, hace alarde de sus sellos con orgullo.
Exhibe su linaje.
Lo adivino testigo de historias antiguas que van pasando generaciones desde la época de los zares rusos.
Hoy debe de haber caído en desuso… hasta en su lejana tierra de origen.
En pleno siglo XXI, no imagino a damas almidonadas reunidas a su alrededor.
Vino desde recónditos lugares con inviernos eternos.
Con hora para el té, ceremonia incluida.
Tardes de té, melancólicas y sombrías.
De té, de hierbas, de miel y especias, que se mantienen tibios.
Con carbones encendidos, pasando del rojo al dorado, y después al gris.
De heroínas de novelas de Tolstoi, de rostros de porcelana, mirada perdida y cabellos ensortijados.
Heredé este curioso aparato, un emblema de aquella Rusia de los zares.
Y no conozco casi nada de Rusia.
Sí sé que Nicolás II fue el último de sus zares hasta su abdicación.
Tengo una hermosa pieza de colección.
Heredé un hermoso samovar, que espero algún día me cuente su historia.