24 de octubre de 2012

Mientras sueño en la Grand Central Terminal de Manhattan




En uno de mis últimos artículos les hablaba de mi nostalgia de los trenes.
En Argentina se suelen producir cambios inesperados, de esos con los que no podemos estar de acuerdo. Y, sin embargo, ocurren. Y encuentran apoyo en una buena parte de al población.
En Argentina se toman medidas que son difíciles de revertir..
Es entonces que el transporte en trenes se ha vuelto una rareza por estas latitudes. Y cuando ocurre, lleva horas llegar a destino, o pasa que la misma llegada... es incierta.
Argentina, país extenso, carece de vías férreas que comuniquen las regiones y sus ciudades y pueblos, en nombre del desarrollo? Cómo puede ocurrir esto?
Pues... ocurre!

Por todo ello es que siento una enorme nostalgia por aquellos trenes de mi infancia, que me llevaban a Buenos Aires o a Mar del Plata, de esas estaciones ruidosas, de los andenes concurridos, de ese trajinar de viajeros apurados.

Cierro los ojos y sueño con un gran país conectado por vías que lo recorran como venas y arterias, que lleven la carga de pasajeros y mercancías.
Sueño... sólo me permito soñar...

Entonces, cada vez que visito alguna ciudad del mundo, visito las estaciones de trenes.
Hoy visito Manhattan, y paso la Grand Central Terminal, esa estación magnífica, vecina del maravilloso Chrysler Building… y me permito, de nuevo, soñar.







Antes de entrar por la 42nd Street admiro el impresionante reloj. Las esculturas de dioses y diosas son una maravilla. Observo el conjunto donde Mercurio, Minerva y Hermes parecen darnos la bienvenida al hall… y sueño.









Luego entro y atravieso la gran estación.
La atmósfera del hall principal está llena de actividad y de energía.
El público colma cada pasillo, cada rincón de la estación.
Todos tienen ese aire de saber bien hacia dónde dirigirse… excepto yo.
Estoy parada delante de las antiguas boleterías, estudio los enormes carteles luminosos reflexionando.
En el centro, otro reloj soberbio. Este tiene cuatro caras y reina en el mostrador de información. Me parece o se está burlando de mi indecisión?. Pero yo hago como si no lo advirtiera… y sueño.






Subo después por la escalera central y quedo ahí, maravillada, como una especie de extraterrestre, alejada del mundo entero.
Dirijo mi mirada hacia la derecha, luego hacia la izquierda, y, al fin, hacia lo alto. Descubro los ventanales luminosos y el techo del gran hall central. Pequeñas estrellas lejanas brillan saludándome. Entonces... sueño.







Como estoy de visita en Manhattan y me quedo por un tiempo, no estoy verdaderamente interesada en comprar un boleto. En lugar de ello, me dispongo a pasear por el Hall Vanderbilt, a visitar sus boutiques, mientras observo las terrazas y los pequeños cafés para elegir en cuál detenerme a tomar algo. Luego me demoro en el mercado del subsuelo. 
Es tan divertido conocer los hábitos de los viajeros que esperan la llegada de su tren. Disponen de tiempo para tomar un café o comprar el diario antes de partir ? Están siempre apurados ? Disfrutan como yo de esa breve visita a la estación ? me pregunto. Y sigo soñando.

Retomo aquí las palabras de un querido amigo francés. 
Amo las estaciones porque amo los trenes, igual que él.
Encuentro tan fácil llegar al andén de esta Grand Central Terminal y cerrar mis ojos.
Escuchar llegar los vagones por los silbidos poderosos, y observar luego descender a los viajeros cansados.
Lo difícil es abandonar el andén después, mientras sigo soñando.

Mis coordenadas:
Grand Central Terminal Station
87 E 42nd Street
Manhattan
New York