26 de noviembre de 2012

Viaje a Punta del Este, día #1






Hoy comienzo con el relato de mis pequeñas vacaciones en Punta del Este, la hermosa ciudad y balneario del Uruguay. Sus playas magníficas le dan la reputación de la "Saint-Tropez Americana". Hace unos días compartí en este mismo espacio algunas fotos del primer atardecer en Playa Mansa. Pero hubo otras, siempre las hay en Punta del Este. El mar azul turquesa, la caída del sol y  la naturaleza hacen el espectáculo en la península. Después estamos nosotros , los visitantes, para disfrutarlo y compartirlo. Punta del Este es uno de mis lugares en el mundo. 
Durante el primer día hice muchas cosas. El tiempo era propicio para pasear y disfrutar del aire marino. Como cada día, comencé por una caminata por la rambla Williman, la larga rambla de madera que llega hasta el mercado del puerto y pasa por la pequeña glorieta. 
Es un paseo tan agradable.





Después, dí una vuelta por el puerto deportivo y de pesca de Punta del Este. Es uno de los lugares más frecuentados y divertidos. Me encanta el ir y venir de los barcos pesqueros, de los cruceros elegantes y de los veleros. Las gaviotas y los lobos de mar se dan cita al lado de los muelles. Desde muy temprano esperan delante del mercado. Saben bien que van a recibir alimento en abundancia. Son unos animales pedigüeños y simpáticos.





Luego, continué la marcha hacia la punta y llegué a las playas de La Brava. El paisaje seguía siendo maravilloso pero las olas, bastante más impetuosas. me quedé observando la línea de la costa sobre las playas de El Emir, el faro siempre atento al trajinar de barcos y veleros, y pasé delante de la adorable capilla marina de la Virgen de La Candelaria. Llegué después la esas playas en las que los surfers dan a menudo su espectáculo vertiginoso. Es muy divertido verlos.






Mientras caminaba, descubría aquí y allá a pescadores instalados sobre las rocas y distinguía las largas playas agitadas del lado de La Brava, delante del  paseo De Las Américas. Dado las rarezas de la geografía peninsular, crucé otra vez del lado de La Mansa para seguir paseando por la rambla ondulante.
El panorama del mar y del cielo azules, el de algunos cruceritos que navegaban cerca de la costa y la silueta de la Isla Gorriti era hermoso.



Al fin, llegaba la tarde en La Mansa, el momento propicio para algunos de practicar deportes náuticos. Disfruté con la imagen de quienes navegaban esas aguas tan tranquilas.





En ese primer día terminé cenando en "Lo de Tere", cerca del puerto, uno de mis restaurants favoritos. Después, hice una corta visita al Conrad Hilton, el elegante hotel. Pasé un rato por el Casino y después, a descansar. 
Antes de volver, tomé una foto al mural imponente, el que pintó el célebre pintor uruguayo Carlos Paez Vilaró. Pintó en el centro un gran sol que se parece mucho al que brilla todos los días en Punta del Este.