2 de diciembre de 2012

Mi viaje a Punta del Este, día #2





Continúo rindiendo cuentas de mi escapada a Punta del Este, la ciudad uruguaya a orillas del mar cuyas playas tan bellas le dan la reputación de "Saint-Tropez Americana". Ya les conté de las soberbias puestas del sol y de mis paseo del primer día. Hoy les hablaré a través de mis imágenes coloridas y llenas de paisajes marinos. Como para empezar a ponernos en "modo verano" ya que faltan pocos días para que comience. 

En primer lugar, me llegué hasta el puerto. Tenía lugar una carrera muy especial, la competencia de "optimist". Les recuerdo que se trata de la práctica de la navegación en pequeños veleros acondicionados para que los guíen niños de 7 y 13 años. Invento del americano Clark Mills, son casi pequeñas cajas llevadas por velas. 
Una competencia entretenida en un marco espectacular.





Después, el paseo continuó hacia el muelle Mailhos que tiene en su extremo una hermosa glorieta de madera, uno de esos rincones que invitan a sentarse a descansar y a disfrutar del panorama a toda hora. 
Caminé un par de cuadras y llegué al Puerto de Punta del Este, puerto deportivo y de pesca, pequeño pero muy elegante. Es uno de mis paseos favoritos: caminar por los muelles, espiar el interior de los magníficos veleros y cruceros que llegan también desde lugares lejanos. 
El puerto de "Punta" es también el lugar desde donde parten los barcos de excursión hacia Piriápolis o la Isla de Lobos.



El Puerto de Punta del Este es encantador. Se pueden encontrar detalles de la vida cotidiana en esos barcos impresionantes que están a menudo amarrados, a la vista de todos, barcos entre los más lujosos del mundo, tan a mano de los visitantes curiosos.




Después, decidí dar una vuelta por Avenida Gorlero. Esta larga avenida que atraviesa la península es un clásico. Están también las paralelas, tales como El Remanso, en donde se encuentran locales muy chic. Pero Gorlero es Gorlero: tradicional, elegante, flanqueada por palmeras, llena de cafés, tales como el famoso "El Greco" y de lindas boutiques. 
Gorlero tiene esos aires de la Ocean Drive de Miami Beach... o me parece solo a mi?
La Avenida Gorlero de Punta del Este es, digamos, "la classe".



Luego, caminé hacia la punta para hacerle una visita al Faro, uno de los iconos de la ciudad portuaria, otrora villa de pescadores. 
El Faro de Punta del Este es ya una especie de monumento y me gusta el hecho de que sea visible desde casi todos lados. Es alto e imponente.




Una vez en ese lugar de la ciudad, crucé la plaza e hice otra visita: a la bella iglesia de la Virgen de La Candelaria, la dulce virgen patrona de Punta del Este. Es un edificio maravilloso, pintado en azul celeste con su gran campanario y un coqueto jardín recientemente decorado con dos campanas hechas en hierro forjado, una verdadera belleza, ubicadas sobre el césped. 
La Iglesia de la Candelaria es simple y adorable.





Esa tarde el sol se escondió. Fue la ocasión para terminar la jornada en José Ignacio, la antigua villa de pescadores que se volvió uno de los balnearios de tendencia, ubicado a sólo 40 kilómetros al norte de Punta del Este. José Ignacio es un pueblo con un balneario tranquilo y atractivo.



Entonces, hice un recorrido sin rumbo para visitar su colección de casas hermosas, el faro, sus playas y su rambla. Esa tarde en José Ignacio se había vuelto más fresca y ventosa. Así son los cambios de clima, lo habitual a orillas del mar. 
Seguí paseando en auto y tomé después una taza de café en uno de los bares de los alrededores. 
Dejé la caminata por la playa para otro día. 
Disfruté mucho antes de volver a Punta del Este a la hora del atardecer.