10 de junio de 2013

Un domingo como tantos otros en el Central Park, Manhattan






Es el resumen de un domingo.
Un domingo como tantos otros, o no tanto, porque esa vez estaba en New York. 
New York, ciudad cosmopolita, la que nunca duerme, tiene un enorme rincón de frescura en el centro  mismo de la mítica "Gran Manzana" de Manhattan, un parque central. 
Creación de Frederick Law Olmsted, el Central Park es el espacio verde más grande de la ciudad. 
Rodeado de residencias elegantes del Upper West y del Upper East Side y de rascacielos, el Central Park es un oasis casi cuadrado, delimitado por la 110th St. al norte, la 8th avenue al oeste, la 59th St. al sur y la fabulosa 5th Avenue al este.






Se accede por cualquiera de sus entradas y uno se sumerge de inmediato en un lugar aparte, detenido en el tiempo, alejado del ruido y de la prisa de la gran ciudad. Los nenúfares de los estanques interiores me dicen que tengo razón. 
Siempre me ha parecido irreal encontrar ese paisaje natural dentro del centro de una ciudad como Nueva York
La vista de un bosque habitado por pájaros en estado salvaje, por lagos rodeados de suaves colinas es como una maravilla. 
El Central Park es el lugar para las expresiones del arte al aire libre. Se ve a la gente relajada, echada sobre el césped, los músicos se ubican por todas partes, están los magos de las burbujas, las palabras de amor que se "declaran" escritas sobre el cielo azul, todo esto bañado por la luz del sol.






En el Parque Central de Manhattan todos parecen encontrar su lugar para el descanso y disfrutar del entretenimiento. 
Por ejemplo, una persona curiosa como yo puede pasear con su cámara, instalarse después sobre el césped e improvisar también un pic-nic. 
Tanto durante el weekend como después de las horas de oficina, los neoyorquinos aman hacer  jogging, pasear en bicicleta o practicar deportes al aire libre. De todos, me llama la atención el baseball en particular.
Hay horas en las que la circulación de automóviles está prohibida, entonces las calles interiores están llenas de corredores.






Los turistas y los neoyorquinos aman ese gran terreno habitado por parques maravillosos, hermosos jardines, lagos artificiales que parecen reales, monumentos y fuentes mágicas. 
Es necesario visitarlo y revisitarlo muchas veces para conocer el conjunto de sus atracciones. 

Me gustan muchos rincones del Central Park. Los visito cada vez que paso uno días en Manhattan. Me encanta el grupo de esculturas de Alicia en el País de las Maravillas, el Jackie Onnassis Reservoir, ese enorme lago artificial, el más extenso de todo el parque, el Shakespeare Garden, el pequeño jardín que habitan las ardillas y los tulipanes y el espacio conocido como "Strawberry Fields", el monumento hecho en memoria de John Lennon.
También me gusta visitar el Belvedère Castle, casi un castillo de Cenicienta y todos los lagos interiores en los que navegan las pequeñas canoas al lado de los patos.
Son algunos de mis rincones favoritos.







El Parque Central es una isla para los habitantes y los visitantes. 
Están el zoo, la fauna y la flora, los pájaros y las simpáticas ardillas aquí y allá, las flores mucho más bonitas en primavera, los árboles mucho más coloridos en otoño. 
Pero en invierno sé que se instalan las pistas de patinaje para los niños y los jóvenes, y los que ya no lo son tanto. También están los corredores que desafían el frío. 
En efecto, cada estación del año tiene la atmósfera perfecta para sentirse cómodo.






Cuando me paseo por el Central Park pienso siempre en los films que lo han utilizado como decorado. Hay 10, 100 y sigo contando. Es tal vez por ello que lo encuentro tan familiar, tan cercano. 
Uno experimenta ese sentimiento de déjà-vu. 
Es verdad: uno ya lo ha visto. 
Y espera verlo muchas otras veces todavía. 

Mis coordenadas:
Central Park 
Parque Central
Manhattan 
New York

Copyright©2013 “Viajes, lugares de la Argentina y del mundo” by Elisa Nievas