24 de julio de 2014

Como peregrino en Rocamadour




Durante mi último viaje a Francia descubrí un lugar verdaderamente extraordinario, mágico. Se trata de la pequeña ciudad medieval de Rocamadour, en el Lot. Como suspendida sobre los acantilados, imposible de imaginarla antes de verla sobre una imagen o así, durante la visita, Rocamadour ofrece uno de esos paisajes increíbles a los peregrinos del mundo. 
Sí, la ciudad habitada por pequeñas capillas del Medioevo es en realidad un lugar de peregrinaje. 
Pero también es un sitio admirable en el que cabe preguntarse cómo se pudieron emplazar esas casas, las iglesias y el castillo que reina en lo alto de las paredes rocosas de la colina. Una arquitectura antigua que parece a todas luces imposible de alcanzar.
Cómo se construyó un lugar así? Cómo?
La vista del conjunto es vertiginosa.


Yo estaba alojada en un hotel encantador, un castillo de Meyronne, muy próximo a la estrella de la región, esta ciudad medieval incrustada en las montañas rocosas. 
Recuerdo haberla visitado dos veces a causa del mal tiempo y de la lluvia constante que impedía la ascensión caminando. El riesgo de resbalarse y golpearse durante el recorrido es muy grande. 
Sin embargo, ese primer vistazo que tuve de ese poblado que logró encontrar el equilibrio sobre el terreno en pendiente, fue impactante. Y comprobé que, como muchas veces, la primera impresión es la que cuenta. Volví entonces el día siguiente.


Siempre viene bien darse el tiempo para visitar estos lugares. No es fácil acceder y las buenas condiciones del clima se vuelven fundamentales.
A medida que me acercaba a la ciudad, remarqué la silueta del castillo y la de las pequeñas capillas diseminadas sobre la colina en una suerte de cuadro que no parecía real.
En el fondo del valle estaba el arroyo que corría con bastante fuerza. 
La sola perspectiva producía vértigo tanto en los visitantes como en los peregrinos.






A un lado y al otro se destacan las paredes hechas de enormes piedras. La humedad las pinta de gris y de negro. Mirando hacia abajo, el paisaje de techos en desnivel y casas medievales es único.
Estas villas son tan pintorescas. Ya había visitado Cordes-Sur-Ciel otra pequeña ciudad con esa fisonomía tan típica de estas regiones, la de ciudades que aparecen como suspendidas en lo alto.
Por ello, la visita de Rocamadour implicaba el desafío de un recorrido siempre exigente. Se podía tomar alguno de los ascensores o bien emprender el que se conoce como "Chemin de la Croix" (camino de la cruz)
El Santuario de Notre-Dame consta de siete capillas para conocer y visitar.
Luego, sigue el ascenso por la Gran Escalera de los Peregrinos para así alcanzar la ciudad medieval. 
Es un camino maravilloso.





Se sabe que Rocamadour proviene del vocablo en occitaine "Roc Amadour" y del hallazgo del cuerpo perfectamente conservado de Saint-Amadour, descubrimiento que se debió a unos monjes benedictinos. Durante el recorrido encontré sobre las rocas a la loza que recuerda el evento con una leyenda. 
Ese segundo día en Rocamadour no hice la visita de todas las capillas
Pero estuve en la que aloja a la virgen considerada milagrosa, la célebre Virgen Negra. Es una imagen muy bonita rodeada de vitrales hermosos. Los hay también en la mayoría de los templos.





La Gran Escalera conduce a los santuarios incrustados en las rocas calcáreas. Muchos de los peregrinos hacían este camino también. Hay opciones para todas las posibilidades debido al esfuerzo que implica. 
Yo elegí subir en ascensor para hacer después el descenso, lentamente, disfrutando cada rincón, y cada una de las vistas del valle, a cual más imponente.




El trayecto posee numerosas terrazas rocosas. El mirador ubicado junto al castillo, el más alto de la colina, es el mejor punto de vista. Recomiendo aprovechar estos lugares para recobrar el aliento y regalarse con estos paisajes imperdibles. 
En este punto se aprecian muy bien el cañón del Alzou y el antiguo pueblo, éste protegido por las murallas. Se ve la gente paseando.
En fin, es un panorama sublime.




Por último, cabe recorrer el pequeño pueblo abajo, sus callejuelas llenas de encanto y visitar, por supuesto, los locales en los que se venden souvenirs de la región, productos artesanales, los talleres y hasta tomar un café o una taza de té caliente si es un día frío de primavera como aquél en el que yo estuve paseando por el antiguo Rocamadour.



No dejen el pueblo sin comprar o degustar en el lugar (o mejor ambas opciones) de EL souvenir gastronómico de la región de los Midi-Pyrenées: el famoso queso de cabra, el Rocamadour (un producto con el sello AOC, el de denominación de origen controlado). 
Tiene un sabor y un aroma fuertes, pero es riquísimo.
Busquen, como yo misma lo hice, la información sobre estos quesos en la página de Turismo en El Lot.



Tal y como un peregrino, más bien como una viajera, una exploradora, fue que llegué un día a Rocamadour para experimentar el vértigo de uno de esos lugares que no se olvidan. 

Mis coordenadas:
Rocamadour
Departamento de Lot
Midi-Pyrenées
Francia

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